• Angela Larrubia

¿A quién escuchas, a tu voz crítica o a tu voz compasiva?

No se trata de “poli bueno - poli malo”, sino de una cuestión de equilibrio en que ambas voces son necesarias.



¡Hola a todos!

Hoy me gustaría que recapacitáramos unos momentos sobre esas dos voces o versiones de nosotros mismos que siempre están ahí, que nos hablan constantemente, nos dan su opinión y nos intentan dirigir hacia distintas formas de hacer las cosas, distintas opciones o decisiones. Las podemos llamar la voz crítica y la voz compasiva.


Vaya por delante que no lo veo en absoluto como un tema de “poli bueno - poli malo”, sino como una cuestión de equilibrio en que ambas voces son necesarias. Lo importante sería encontrar ese punto justo en que, por una parte, nuestra voz crítica y exigente nos activa, nos motiva y pide lo mejor de nosotros mismos en todo momento, al tiempo que nuestra voz compasiva e indulgente nos entiende y conforta, nos trata con amabilidad y nos cuida, consciente de lo que necesitamos en cada momento.

Voz crítica y voz compasiva: ambas son necesarias. Es una cuestión de equilibrio.

Creo que tendemos siempre a escuchar mucho más a nuestra voz crítica. Nos exigimos mucho, a veces más de lo debido, Y, al tiempo, no sabemos escuchar a la voz compasiva. Uno de mis colaboradores, por ejemplo, se exige acabar todas las tareas pendientes antes del final del día, y además de manera perfecta… y a veces se acuesta muy muy tarde. Claro, no descansa bien, ni su cuerpo, ni su cabeza. No es capaz de dejar de escuchar a la voz crítica.


Es como la frase esa tan conocida: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Es decir, la búsqueda del equilibrio es complicada ¡No es tarea fácil! Y el primer paso para esa búsqueda sería conocernos. En esta línea te propongo una pequeña reflexión en torno a algunas preguntas:


¿Me exijo demasiado hasta llegar agotad@ al final del día? ¿Y lo mismo un día tras otro? ¿Me cuestiono en mis decisiones constantemente? ¿Le doy mil vueltas a lo que he hecho pensando que lo pude hacer mejor? ¿Me exijo hacer todo perfecto, ser la mejor, llegar a todo (trabajo, familia, amigos, deporte…) y además, con nota? ¿Cómo reacciono ante mis errores? ¿Me crítico y fustigo en exceso o los veo de forma realista y constructiva? ¿Cuido mi cuerpo y mi mente dejando espacio para ocio y actividades saludables?... Y por último ¿alguna vez me pregunto qué necesito en este momento y me permito un espacio y un tiempo sólo para mí?

Esa búsqueda de equilibrio puede comenzar por conocerse uno mismo.

Son preguntas quizá más importantes de lo que parecen…


Nuestra voz autocrítica y exigente proporciona un marco de confianza y promueve conductas seguras para nosotros mismos, nos concede una ilusión de control que nos conducirá a evitar errores y perseguir la perfección, y con ello conseguir el éxito, que los demás no me critiquen, a “gustar” a los que me rodean y a mí mismo y así sentirme aceptado y seguro…


Nuestro crítico interno, por tanto, es necesario y conveniente. Tiene una función de protección y aprendizaje. Pero es importante no dejarlo activado constantemente ya que si toma demasiado el control puede llevarnos a conductas poco saludable e incluso, en ocasiones, autodestructivas.

La voz crítica nos da un marco de confianza y cierto control. Pero es importante que no esté constantemente activada.

Para ello, tenemos el contrapunto de la compasión que constituye un antídoto muy poderoso. Al hablar de (auto)compasión y de nuestra voz compasiva me refiero a esa capacidad de ser amable contigo mismo, de tratarte y hablarte como si fueras tu mejor amigo… y actuar de esa misma manera hacia ti mismo cuando estás teniendo un momento difícil, cuando fallas, no llegas o notas algo que no te gusta de ti mismo.

Es decir, en lugar de ignorarte, o lo que es peor, juzgarte y criticarte sin piedad por tus limitaciones, la autocompasión significa que vas a ser amable y comprensivo cuando te enfrentas a tus errores personales. Después de todo, ¿quién ha dicho que tenías que ser perfecto? ¿No eres tú mismo el que la mayoría de las veces te pones tan alto el listón?

El contrapunto lo da la voz compasiva, como capacidad de ser amable con uno mismo, como si fueras tu mejor amigo.

Por otra parte, la ciencia ha demostrado la relación directa entre esa (auto)amabilidad y (auto)compasión con el BIENESTAR psicológico sostenible en el tiempo, además de que esas capacidades podemos entrenarlas a través de la práctica y la creación del hábito.


Nuestro cerebro está constantemente escuchando y fortalece los pensamientos y las conductas que repetimos: si escuchamos sólo nuestra voz crítica y exigente, nos criticaremos aún más, nos exigiremos y nos juzgaremos aún más…, si comenzamos a escuchar nuestra voz compasiva y exploramos sin miedo esas conductas que a veces nos cuestan tanto de permitirnos ser como somos, de querernos y cuidarnos, de aceptar que no somos perfectos ni superman/superwoman, dejaremos que aflore lo mejor de nosotros de forma natural.

No se trata de eliminar nuestra voz crítica, pero sí deberiamos cambiar cómo nos relacionamos con ella.

Nuestra intención, por tanto, no es deshacernos del crítico interno, pero sí cambiar la manera en que nos relacionamos con él. Suavizando y cambiando su tono de voz para iniciar una nueva forma de equilibrio en nuestra vida.


¡Un abrazo y seguimos hablando!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud

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