• Angela Larrubia

¿De verdad el estrés es tan malo como para querer evitarlo a toda costa?

El estrés es malo. Lo fácil, cómodo y tranquilo es bueno. Éste es uno de los axiomas que casi todos tenemos grabados a fuego. ¿Pero es realmente cierto?

¿Qué es el estrés?

Podemos definir el estrés como una respuesta fisiológica del organismo (mente y cuerpo) ante una demanda o presión del entorno.


Se trata al fin y al cabo de un proceso natural y necesario que todos experimentamos con más o menos frecuencia y que no es posible evitar dados los constantes cambios a que nos vemos sometidos a lo largo de la vida, pero al mismo tiempo requiere acción por nuestra parte para asegurar una adaptación adecuada a esos cambios y la recuperación de nuestro equilibrio.


Homeostasis: necesitamos un balance energético entre los estados de activación y descanso de nuestro sistema de estrés

Dicho de forma un poco más técnica, nuestro organismo requiere un balance energético y funcional entre el estado de activación simpática del sistema nervioso autónomo para la “lucha o huída” (figth and fligth) ante un agente estresor y el de activación parasimpática de “descanso y digestión” (rest and digest) una vez que ese agente estresor ha desaparecido o ya nos hemos adaptado satisfactoriamente a él.


Así conseguimos alcanzar la homeostasis o estado de equilibrio dinámico saludable entre estos dos sistemas.

Una vida sin estrés no es posible

No es posible y además sería tremendamente aburrida y desmotivadora. Necesitamos nuevos retos, crecer personal y profesionalmente, avanzar. Nuestra sociedad digital y competitiva requiere un aumento constante de la productividad, nuestras relaciones interpersonales se vuelven cada vez más desafiantes…


Y aunque en ocasiones nos gustaría, hoy por hoy es muy complicado bajarnos de este tren.


Por tanto, este cambio constante forma parte inherente de nuestra existencia, y el estrés es una consecuencia de este cambio y al mismo tiempo nuestra forma de adaptarnos a todo ello. Las herramientas que utilicemos para conseguir esa adaptación y conseguir de nuevo el equilibrio van a ser la clave.


Sin embargo, todos somos conscientes del efecto negativo que el estrés mal entendido y gestionado tiene sobre nuestra salud, de forma que, según la Organización Mundial de la Salud, en 2020 el estrés y trastornos derivados del mismo, serán la primera causa de baja laboral causando pérdidas multimillonarias.

Podemos distinguir dos tipos de estrés:

1.-El eustrés o “estrés bueno donde se produce una adaptación adecuada a esas situaciones de alta demanda o amenaza, de forma que nuestras reacciones fisiológicas y psicológicas ante el agente estresor son proporcionadas y coherentes. Una vez terminada la experiencia el organismo se regula para volver a su estado normal e incluso se relaja para recuperar los recursos utilizados. ¡Necesitamos este tipo de estrés para vivir!


2.-El distrés, o “estrés malo en este caso se produce una adaptación inadecuada a la amenaza o situación estresante, con reacciones psicológicas (angustia, culpabilidad, menosprecio, pérdida de autoestima, dificultad en expresar nuestras emociones, aislamiento social, etc…) y reacciones fisiológicas (pérdida de apetito o incremento de éste, taquicardia, tensión muscular crónica, diarreas, etc..), que en muchos casos son desproporcionadas y/o permanecen “conectadas” una vez que la experiencia estresante ha remitido.

El efecto del estrés “malo” en nuestra salud

Es decir, en el caso del distrés no somos capaces de abordar correctamenteas fases de adaptación – parada – relajación, necesarias para recuperar el equilibrio homeostático y los recursos energéticos consumidos.


Si permanecemos constantemente en ese estado de estrés activado (distrés), se produce una transferencia constante de energía adicional desde el sistema parasimpático al simpático y por tanto un desbalanceo del organismo, que a largo plazo, puede provocar graves problemas de salud.


¿Y si el estrés te afecta positiva o negativamente en función de tus creencias (“mindset”) hacia él?

A lo largo de los años hemos convertido el estrés en nuestro enemigo en el convencimiento de la gran cantidad de prejuicios que puede causar a nuestra salud, ¿y si pudiéramos cambiar esta perspectiva?.


En una investigación con 30.000 adultos que duró 8 años en EEUU, además de la pregunta habitual de ¿Cuál ha sido tu nivel de estrés en el último año?, se añadió otra más novedosa: ¿Crees que el estrés es perjudicial para tu salud?


Posteriormente se concluyó que en las personas que habían experimentado un alto nivel de estrés y consideraron éste como un riesgo para su salud, su esperanza de vida se redujo considerablemente (un 43%), mientras que en aquéllas que también sufrieron un alto nivel de estrés pero NO lo consideraron un riesgo para su salud, la esperanza de vida fue igual o superior a las personas que no sufrieron estrés.


Es decir, mi propia sensación de estrés no es un valor absoluto, de hecho:

mi percepción de la realidad, mi actitud, mis experiencias previas, mi forma de afrontarlo, etc. puede cambiar radicalmente la forma en que me afecta.

¡¡Todos hemos comprobado en numerosas ocasiones la distinta forma en que cada uno de nosotros reaccionamos ante una misma situación estresante!, y definitivamente, investigaciones como ésta que he descrito pueden cambiar radicalmente nuestra perspectiva sobre el estrés y sus efectos en nuestro organismo.


Continuaremos hablando sobre cómo el autoconocimiento a través de técnicas como MINDFULNESS pueden marcar la diferencia en nuestra percepción y respuesta ante el estrés, pero entre tanto te recomiendo que veas este video TED de Kelly McGonigal donde se describe la investigación que he mencionado y sus conclusiones. Espero que lo disfrutes.


¡¡Seguimos hablando!!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud

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