• Angela Larrubia

Lenguaje positivo >>> Actitud positiva

Un pequeño cambio en la forma de hablar, en positivo, puede generar grandes cambios en nosotros y nuestro entorno.



¡Hola a todos!


En el blog de hoy me gustaría hablar de una de las formas simples (aunque no siempre fáciles) que tenemos a nuestro alcance para encontrarnos mejor, para fomentar nuestra fortaleza y resiliencia, estar más a gusto con nosotros mismos y con los demás y dar un giro constructivo y positivo a nuestra vida.


Se trata además de algo que siempre tenemos a nuestro alcance. No hay que hacer grandes esfuerzos ni gastar dinero para conseguirlo: cuidar nuestro lenguaje.


Me refiero a comenzar a utilizar un lenguaje más positivo, constructivo, apreciativo y amable. Tanto con nosotros mismos como con los demás, e incluyendo tanto el lenguaje explícito y articulado verbalmente como el lenguaje interno y el “lenguaje de pensamiento”. Y con el uso de formas positivas de hablar, nos construiremos una actitud acorde, sana, abierta, agradable… positiva también.

Cuidando nuestro lenguaje podemos fomentar estar más a gusto con nosotros, con los demás, y dar un giro constructivo a nuestra vida.

¡Solo necesitamos un poquito de atención, voluntad y entrenamiento para empezar a hacer pequeños-grandes cambios en este sentido que pueden constituir grandes avances!


Necesitamos salir de la inercia que nos lleva, cada vez más, a usar un lenguaje negativo, exigente, en el que abunda el reproche, la pega y la queja. En esta vida que llevamos, muchas veces no tenemos tiempo ni energía para moderarnos y dar un pequeño giro a nuestra expresión de forma que no solo sea una cuestión de negación, de limitación, de crítica y exigencia.


Estoy segura que, ante esa frase dura, tajante y rápida que vamos a decir, podemos echar el freno a tiempo de hacer un pequeño-gran cambio antes de pronunciarla. Se trata de introducir un matiz constructivo y apreciativo. O tan solo una palabra sencilla y amable. Y esto tan simple puede marcar la diferencia, que motiva en vez de machacar y da confianza en lugar de inseguridad.

Un ejemplo: ¿cuantas frases construyes con ".. pero...". ¿Te das cuenta del matiz negativo que eso suele tener?

Un ejemplo muy sencillo. ¿Cuántas veces empiezas o continuas una frase con “pero”? Usamos el “pero” para dividir lo positivo de lo negativo. Lo que ocurre es que ese “pero” anula lo positivo y remarca lo negativo. ¿Has probado a cambar el “pero” por un “y”? El resultado sorprende.


Se me ocurren algunas oportunidades claras para hacer esos “pequeños-grandes cambios” y seguro que tú puedes encontrar muchos más. Verás que lo que propongo empieza por cambiar el lenguaje… y al tiempo das un paso más y te lleva a matizar un poquito tu actitud. Y tu inteligencia emocional. Recuerda que las palabras también llevan en su interior emociones.


- Menos sacar pegas y problemas y más soluciones y propuestas de avance. En lugar de expresiones tales como “esto no sirve”, “de eso nada”, “no tienes ni idea”, “con esto no vamos a ningún sitio”, “el problema es que…”, quizá podríamos usar otras como… “Buena idea a ver si se nos ocurre algo más” o “partiendo de esto podríamos avanzar un poco más…”, “también podríamos probar quizás…”

Enfoca los problemas desde el punto de vista de la solución y del avance. Se sincero... pero no brutal.

-Menos buscar culpables y más reconocer esfuerzos y nuevas ideas. Nos encanta buscar culpables ¿verdad? En lugar de “¿Quién ha hecho esto?”, “la culpa es de…”, “has metido la pata”, podríamos usar “dale una vuelta, que puedes”, “seguro que se te ocurre algo mejor”, “busquemos juntos la mejor solución”, “no está mal, sigue pensando”.


-Sinceridad, no brutalidad. Un gran maestro decía “no digas nada que sea menos bonito que el silencio”, y yo seguramente añadiría “si no es estrictamente necesario”. Por supuesto que hay que decir las cosas, expresar las opiniones, buscando el momento adecuado y quizás… ¡no siempre! Y sobre todo... ¡Hay muchas formas de decirlo! Y siempre hay una forma más amable.


-Trabajar para cambiar los “peros” y las quejas, comenzando a aceptar y avanzar. ¿Realmente los peros y quejas nos llevan a algún sitio? A veces me da la sensación de que llegan a convertirse en una costumbre improductiva, una forma de eludir la responsabilidad / realidad. Quizá al reconocer esa tendencia en nosotros podremos avanzar un pasito más.

Quejarnos mucho no cambia nada. Encontrar un momento para la amabilidad hacia nosotros y hacia los demás.

-Encontrar un momento para la amabilidad y el reconocimiento hacia los demás y hacia nosotros mismos. Es una de las costumbre más sanas y satisfactorias que podemos incorporar a nuestra vida. Una palabra o frase amable de saludo por la mañana, por ejemplo. Y con eso vendrá, una sonrisa, un gesto, una mirada… ¡solo toma un segundo!


-Agradecer, agradecer y agradecer. Cada momento, cada detalle, cada encuentro, cada intento… sin dar nada por sentado.


Tenemos un lenguaje increíblemente rico. Sólo hay que dedicar un poco de atención (y un poco de esfuerzo) para elegir la palabra más conveniente en cada momento, orientando nuestra forma de hablar hacia lo positivo. Hacia lo que hay, lo que está, lo que tenemos, en vez de hacia lo que falta o lo que no nos encaja en ese momento.

Esto nos sirve también a modo de entrenamiento. Nuestro cerebro siempre escucha y aprende y cada vez que utilizamos este lenguaje positivo vamos reforzando esa actitud, esa forma de pensar y de vivir. Es gracias a la neuroplasticidad del cerebro.

Si nos entrenamos en cambiar nuestro lenguaje a positivo, nuesto cerebro aprende, y al tiempo, nos reforzamos hacia una actitud también positiva.

En resumen, te propongo un propósito para las próximas semanas: antes de hablar, para y respira. Date un espacio para elegir las palabras. Las que usamos con los demás y sin olvidar las que usamos hacia nosotros mismos. Buscando la forma de abrir en vez de cerrar, construir en vez de destruir, ampliar en vez de limitar, apreciar en vez de exigir, agradecer en vez de reprochar.


Creo que esto sí sería un gran-gran cambio. Ya me contarás.


(PD. Creo que en esta entrada de blog he usado muy pocos peros … ¿los has contado?)


¡Un abrazo y seguimos hablando!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud

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