• Angela Larrubia

No te prives del placer de la simplicidad

En la vida actual tendemos a hacer todo buscando un objetivo o una meta. ¿Es eso realmente necesario? ¿Puede haber una finalidad sin buscar una finalidad?



¡Hola a todos!


Hoy quiero dedicar este ratito que compartimos en mi blog a un tema que me viene persiguiendo estos últimos tiempos. ¿Toda actividad que realizamos ha de tener una finalidad concreta? ¿No nos resulta cada vez más difícil hacer algo sin tener que perseguir necesariamente un objetivo, una meta? ¿Podemos movernos sólo por el placer de hacerlo, por disfrutar del proceso, del camino?


En los tiempos que corren, de trabajo intenso, eficiencia, minimización de costes y maximización de beneficios, contemplar el dedicarse a algo sin pensar en sus posibles aplicaciones, en “para qué sirve”, o “qué se puede hacer con ello” nos puede parecer, en principio, una pérdida de tiempo. Algo sin sentido. Incluso, en nuestras actividades de ocio, es muy habitual que acabemos orientándolas hacia un objetivo cuando empezamos a vislumbrar posibilidades: ser el primero en la carrera, levantar más peso, adelgazar, ganar el juego… En suma, sacar algún beneficio de esto que comencé solo por gusto.

¿Es posible realizar algo solo por el hecho de disfrutar de hacerlo, sin un objetivo, sin una finalidad?

¡OJO! No digo que no sea estupendo tener esas aspiraciones de superación continua, de consecución de objetivos. Pero sí creo que, en ocasiones, nos priva del placer de la simplicidad, de vivir la experiencia sólo porque sí, porque así lo siento y porque es lo que este momento me trae. Hacer solo por hacer, contemplar solo por la belleza, detenerme y simplemente SER. Creo que incorporar esa intención en alguna parcela de nuestra vida es fundamental para estar completos… y es realmente saludable.


Creo que incorporar el propósito o la meta a esa actividad que tanto nos gusta, tiende a introducir presión, o agobio… y con eso, todo cambia. Os contaré algo. Me entusiasma pintar, disfruto, desconecto, casi me disocio de mí misma 😊, pero he descubierto que la condición para ello es hacerlo solo por el gusto de crear, sin perseguir nada concreto. Es entonces cuando me dejo fluir, experimentar, probar cosas nuevas, sorprenderme, permitirme… Con práctica y esfuerzo, llegó un momento en que no se me daba mal y entonces me ofrecieron exponer, vender alguna obra… ¡Y todo cambió! ☹

Creo que es saludable incorporar a nuestra vida alguna parcela en la que podamos vivir la simplicidad, el hacer por hacer, el ver lo que el momento nos trae.

Exposiciones, ventas, críticas…, quería hacerlo perfecto. Y empecé a exigirme más. Y además, creo que era menos creativa porque quería algo que gustara a los demás, no solo a mí. Eso empezó a bloquearme. Me limitaba. Comencé a molestarme si el resultado no era el esperado. Mientras que antes de todo eso, no esperaba nada; era más libre, todo era más simple… La consecuencia: dejé de disfrutar como antes.


Creo que este efecto, no es solo cosa mía. Eso de buscar un objetivo o un beneficio para todo es algo que se ha generalizado y que forma parte, y es incluso una causa, querámoslo o no, de nuestra civilización acelerada. No se muy bien como llamar a esto que nos pasa, quizá instrumentalización, utilitarismo, pragmatismo… puede que a ti se te ocurra una palabra mejor.

Esa "instrumentalización" de todo cuanto hacemos puede ser una de las causas de la vida acelerada y con presión en la que nos movemos.

El recientemente fallecido Tich Nhat Hanh, monje budista, poeta, erudito, activista por los derechos humanos y uno de los principales impulsores del mindfulness y el zen en Occidente, decía en su libro HACIA LA PAZ INTERIOR:

“Occidente vive una existencia encaminada hacia una meta. Contemplar las cosas para sacar algo de ellas se ha convertido en una costumbre… Puede que sea un propósito absurdo y, además, a menudo olvidamos disfrutar de nosotros mismos durante el trayecto”


Un poco más adelante dice otra frase que realmente da que pensar:

“¿Cómo aportar elementos de paz a una sociedad tan acostumbrada a sacarle provecho a todo?”


Te propongo PARAR, detener esa actividad incesante e instrumentalizada, ¡aunque solo sea un rato! y disfrutar del momento presente, de aquello que te hace ser feliz aquí y ahora, sin más. Hacer algo por el gusto de hacerlo. Da igual si ganas algo o si pierdes el tiempo. Solo es por ese momento de satisfacción personal. Nada más. Es aquello de que le sacas más gusto al viaje que llegar al destino.

Propongo PARAR esa actividad incesante, y disfrutar del momento presente, sin más.

Quizá puedas encontrar tus momentos para practicar ese NO-HACER o ese HACER-DESPOJADO-DE-PROPOSITO como le llamaba Tich Nhat Hanh, porque como él mismo concluye:

“Cuidando el presente cuidamos también del futuro”


Ya me contarás, ¡Un abrazo y seguimos hablando!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud

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