• Angela Larrubia

Mi "maestro" de Mindfulness

Mi pequeño perrito me enseña y me refuerza las actitudes básicas que se ejercitan y fomentan a través de la práctica de Mindfulness.



Pues sí, mi adorable perrito me enseña muchas cosas… y aunque tengo admitir que me voy a permitir alguna que otra licencia poética y didáctica😊, creo que puede ser útil utilizar el símil de algunas de las “formas de hacer y vivir” de mi perrito para entender las actitudes básicas que se ejercitan y fomentan a través de la práctica de Mindfulness, y que creo son absolutamente necesarias en esta vida que llevamos. Y como muchas veces digo… ¿Mindfulness o sentido común?... para mí poco se diferencian, así que vamos a ello.


Es muy probable que los que tenéis un compañero canino, identifiquéis fácilmente muchas de esas “formas de hacer y vivir”, de esas cualidades, quizás “envidiables”. Vaya por delante que mi perrito es mayor (13 años), por lo que seguramente su “madurez” (aunque sin perder nada de su frescura y fogosidad) juega a mi favor en esto que nos ocupa.

La forma de ser y vivir de mi perrito me refuerza sobre las 9 actitudes básicas del Mindfulness.

Puedo comenzar por su CURIOSIDAD, atento en todo momento a lo que pueda surgir, olisqueando y observando todo SIN JUZGAR lo que encuentra. Estoy segura de que su cabecita no da vueltas y vueltas, no compara ni decide si eso es lo que esperaba encontrar, si le gusta o no le gusta, quién tiene la culpa de esto que hay, qué pasará después…


Y esto me lleva a la ACEPTACIÓN… ¡Uf! Esa asignatura tan pendiente que tenemos los humanos y que veo innata en mi perrito. Las cosas son como son, ahora, en este momento. Y quizá, si en vez de resistirnos, de querer siempre algo diferente o algo “mejor”, podríamos hacer como él y encontrar sencillamente la paz de estar con lo que hay. Pero ¡OJO!, nada de resignación o conformismo; mi perrito sigue trayéndome la pelota una y otra vez y me da con la patita para que se la tire, y sigue intentándolo sin parar. Una cosa es aceptar los que hay porque ya está aquí, pero eso no quita el trabajar para salir adelante, para mejorar desde la serenidad de la aceptación, no desde la resistencia y la frustración.

Curiosidad, no juzgar, aceptación, confianza... ¿No son cualidades que practica mi perrito?

Puedo hablar también de su CONFIANZA plena e incondicional en mí y en su “manada” (mi familia), una confianza sencilla en la vida aquí y ahora. Sin proyectarse a un futuro quizá incierto, sin preocuparse del pasado, sin buscar segundas intenciones, sin prejuicios, sin rencores, siempre con la inocencia en sus ojitos. Qué bueno sería para nosotros recuperar una parte de esa inocencia y esa confianza, que sé que no es fácil, y que la vida está complicada y ya hemos pasado mucho… ¡pero no la compliquemos más aún nosotros solitos!


¿Podríamos al menos quitar parte de esos prejuicios adquiridos con los años y abrirnos, aunque solo sea un poco, a lo que venga, a los demás, a la vida? ¿Podemos SOLTAR lo que ya sabemos o creemos saber, lo que ya hacemos y creemos saber hacer, la razón que siempre tenemos? Y quizá nos llevemos algún que otro golpe, pero, en mi experiencia, merece la pena dejarnos sorprender y descubrir, como mi perro, la riqueza de cada momento.

No aferrarse, paciencia, amabilidad, generosidad. ¿No nos sobran muchas veces palabras y acciones y nos falta serenidad y calma?

¡Y qué decir de la PACIENCIA, la calma que me transmite! Le veo plantarse sencillamente delante de la puerta y quedarse ahí esperando a que la abra; mirarme tranquilo hasta que le pongo la comida, SIN FORZAR; sentarse en la puerta cuando llega la hora del paseo, y andar a su ritmo por mucho que yo quiera meterle prisa. No habla, pero desde luego se hace entender, y tiene muy claro lo que quiere, pero desde la serenidad, y sin necesidad de palabras… ¿Quizá a nosotros también a veces nos sobran palabras y acciones y nos falta un poco esa serenidad y paciencia?


Y para terminar hablaré de la AMABILIDAD, el cariño, la GENEROSIDAD, siempre a mi lado, siguiéndome, sentándose sencillamente a mirarme apoyando su cabecita en mi pie o subiéndose a mi regazo. Estoy segura que entiende mi estado de ánimo y sencillamente decide estar ahí, conmigo, sin hablar, pero diciéndolo todo. De una forma completamente incondicional y desinteresada. A veces me pregunto si yo soy capaz de ofrecerme de esa forma a los demás. ¡Realmente complicado! Pero tendríamos un mundo muy distinto si lo consiguiéramos.


¡Pues ahí queda eso!, ¿Os parece que intentemos seguir un poco el ejemplo de nuestra mascota? Quizá todo un poco simplista, pero a veces la simplicidad lo es todo…


¡Un abrazo y seguimos hablando!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud

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