• Angela Larrubia

Practicar amabilidad y compasión mientras estamos atrapados en el tráfico

Quiero compartir con vosotros algunas reflexiones sobre amabilidad y compasión y aplicarlo a un momento muy habitual de nuestro día a día



Quiero compartir con vosotros algunas reflexiones que aplican en un momento muy habitual de nuestro día a día. Aunque estos tiempos del coronavirus son muy cambiantes, hace unos días, al coger el coche, me encontré en un atasco de tráfico. Hacía mucho que no me pasaba, ya que los confinamientos que hemos tenido, nos han alejado (a unos más que a otros) de multitudes, autobuses y trenes en hora punta. Iba con prisa, por lo que me puse de malhumor… como supongo que hicimos todos los atascados.

Me di cuenta de una cosa…Tendemos a pensar que todos los demás son la multitud o el tráfico, que todos los demás se interponen en nuestro camino. Pero en realidad, todos somos el tráfico; todos compartimos las mismas carreteras, autobuses y trenes. Compartimos los miedos o malhumores de llegar tarde al trabajo, o de molestarnos si nos empujan. Todos estos sentimientos son parte de la frustración que nos asalta durante nuestro viaje, por ello pienso que es un buen sitio para practicar la compasión e integrar la atención plena en un hábito diario.

Aprovecha un momento "tonto" del día a día para algo nuevo y provechoso

A continuación, incluyo tres fáciles prácticas que podríais considerar para traer un poco más de consciencia y compasión a ese momento de atasco o de viaje en el autobús:

Práctica 1: Desear lo mejor a la gente con la que nos cruzamos

Un primer punto es intentar convertir el viaje en tren o autobús o el trayecto en coche en una práctica que consiste en pensar en los que me rodean y tomarme un momento para desearles lo mejor en ese día y agradecerles por compartir el autobús conmigo (en transporte público esto lo hago en silencio, claro). Este sencillo pensamiento siempre me anima un poco. A veces miro a mi alrededor y pienso en deseos individuales (“que él sea feliz, que ella tenga un buen día…).


Si el autobús está abarrotado o el tráfico es muy denso, y me siento particularmente molesta, esta práctica se vuelve especialmente importante. En lugar de tomar esto como un problema personal ("¿por qué están todas estas personas en mi autobús o conduciendo precisamente ahora por esta calle?"), me obligo a pensar que estamos juntos en esto, todos compartiendo los mismos recursos.


En esta temporada complicada de pandemia que vivimos, esa proximidad física excesiva en un tren o un autobús puede producir una ansiedad adicional que también podemos convertir en objeto de práctica de atención plena. Podemos prestar atención a cómo nos sentimos, qué sensaciones físicas acompañan a nuestra incomodidad / ansiedad. Podemos también caer en la cuenta de que todos estamos en la misma situación y compartimos incertidumbre y preocupaciones, deseando de corazón lo mejor para todos.

Estas prácticas y sus beneficios están avaladas por estudios científicos

Un estudio reciente de la Universidad Estatal de Iowa (EE.UU.) muestra el beneficio de este tipo de práctica. Los investigadores de ese estudio seleccionaron a unos grupos de estudiantes universitarios y les hicieron caminar alrededor de un edificio durante 12 minutos y les pidieron que practicaran una de las siguientes acciones:


· “Bondad amorosa” (loving kindness): Tenían que pensar para sí mismos por cada persona que se encontraban: “Deseo que esta persona sea feliz”.

· “Interconexión”: Los estudiantes tenían que considerar cómo están conectados y cómo tienen similitudes y qué comparten con cada persona que vieron.

· “Comparación social”: Los estudiantes tenían que pensar en qué podrían estar mejor que cada persona con la que se encontraron.

· Y se estableció un grupo de control de estudiantes, a los que se les pidió que se concentraran en lo que veían, como la ropa, los colores, el maquillaje y los accesorios de las personas que se encontraron.

El estudio encontró que los participantes que practicaban la “Bondad amorosa”(o que deseaban lo mejor a los demás) mostraban "menor ansiedad, mayor felicidad, mayor empatía y mayores sentimientos de cariño y conexión que aquellos del grupo de control". El grupo de “Interconexión” solo mostró mejoras en lo relativo a la empatía y la conexión, mientras que la “Comparación social” no mostró ninguna mejora en comparación con el grupo de control.


Douglas Gentile, Profesor de Psicología en el estado de Iowa y autor del estudio, concluyó: “Caminar y ofrecer amabilidad a los demás en el mundo reduce la ansiedad y aumenta la felicidad y los sentimientos de conexión social. Es una estrategia simple que no requiere mucho tiempo y que se puede incorporar a las actividades diarias”.

Práctica 2: Asumir lo mejor, lo positivo

Si nos sucede algo negativo (alguien nos bloquea el paso con su coche, una persona en el metro nos empuja, perdemos nuestro tren), a menudo asumimos que hicimos algo mal o culpamos a otra persona o al Ayuntamiento o a alguien. A menudo nos enfadamos y asumimos más angustia mental de la necesaria… ¿Por qué no intentar asumir lo mejor en vez de lo peor?, es decir, ¿Por qué no construir una visión positiva de la situación en lugar de negativa?

Pensemos en lo mejor, en lo positivo y evitemos los pensamientos negativos

En lugar de gritar en voz alta: "¡Ahhh, este es idiota!" si un coche me bloquea la carretera, podemos tratar de imaginar una historia sobre por qué tiene tanta prisa. "Quizás vaya al hospital, ¡debe ser urgente!". Esto me hace sentir mejor, incluso si no es cierto (¡la versión negativa puede ser igual de incierta!).


Nunca sabré la verdad sobre por qué me bloquearon el paso, pero asumir lo mejor o lo positivo transforma una situación frustrante sobre la que no tengo control en un momento de empatía. Me ayuda a dejar ir, a abandonar los sentimientos negativos. Simplemente es asumir que las personas que nos rodean tienen las mejores intenciones, incluso cuando nuestras necesidades compiten.

Práctica 3: Ser intencional

Hace un tiempo, durante un período con un pico de trabajo intenso, me di cuenta de que necesitaba bajar el ritmo, parar; vamos, que necesitaba un poco de “tiempo y espacio”. Durante tres semanas, dejé de escuchar la radio en mis trayectos en coche, intentando no pensar en nada más. Me senté y sencillamente conduje el automóvil, prestando atención a lo que hacía e intentando de forma intencionada desenganchar de mi cabeza el trabajo y los líos de ese día.

Está muy bien pensar en los demás ... pero no dejes de pensar también en tí

De la misma forma en el metro o autobús sería “no hacer nada”, no leer ni escuchar música, solo sentarse (si es posible en hora punta, claro)y descansar, parar y respirar.

Más adelante, cuando el pico de trabajo bajó, volví a retomar mis rutinas habituales en esos desplazamientos (escuchar la radio, pensar en las cosas que tengo que hacer al llegar al trabajo).Pero lo hice de una forma más consciente, con atención e intención acorde a cómo me encuentro ya lo que necesito ese día, no sencillamente conectando el piloto automático de mis pensamientos.

Creo que es fácil “desperdiciar” el tiempo de viaje, ya sea escuchando la radio, twiteando, o maldiciendo al tráfico. Te animo a que intentes ser intencional sobre cómo usas tu tiempo de viaje para ser compasivo y amable contigo mismo. A menudo estamos cansados durante esos momentos y no tenemos mucha energía y, sin embargo, algunas de estas actividades “de desperdicio” pueden incluso ser más agotadoras, aunque no nos demos cuenta.


Ser intencional significa preguntarse qué será lo mejor para ti en ese momento, significa actuar con un propósito… hacer que cada acción cuente.

Bueno, estas son las reflexiones y las prácticas que quería compartir. Espero que te ayuden a transformar tus desplazamientos diarios en coche o transporte público en tiempo para ti, para cuidarte y para sentirte conectado con quienes te rodean.

¡¡Seguimos hablando!!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud

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