• Angela Larrubia

¿Por qué nos gusta Karate Kid?

"Dar cera, pulir cera" ... ¿Os acordáis? ¿Por qué nos gustó y gusta tanto? ¿Qué lecciones podemos aprender?



¡Hola a todos!

¿Recordáis la película “Karate Kid”? Del año 1984. Fue una película muy taquillera (entre las 10 primeras de aquel año), y después de tantos años se sigue reponiendo periódicamente en la tele. ¿Por qué? La verdad, no es una gran película… actores casi desconocidos, una historia un tanto manida (“muy americana”), tópicos de líos de adolescentes y donde los buenos son muy buenos y ganan a los malos al final. Recuerdo también la música de flauta (es de Bill Conti), era preciosa.


Pero algo tiene esa película que nos marcó a much@s de aquella generación. Otra vez pregunto: ¿Por qué? Al final os daré mi opinión.


Me gustaría usar esta película como ejemplo para ilustrar unos conceptos que me parece interesante tener en cuenta. Ya conocéis la historia: Daniel Larusso, es un chico joven que, al mudarse a una nueva ciudad con su madre, se ve perseguido por unos chicos “problemáticos” del instituto, que además van a una escuela de karate. Afortunadamente, Daniel encuentra ayuda en el señor Miyagi. Le enseña karate, pero solo como defensa, y propone afrontar la situación de forma diferente a lo habitual, sin enfrentamiento personal ni violencia, primero hablando con ellos y después en el torneo local de karate. Al final Daniel, contra todo pronóstico, sale victorioso.


Vamos a revisar algunas lecciones que nos transmite el señor Miyagi.

Siempre que la veo disfruto con ella. He buscado en la web y he visto pocos artículos al respecto. Y los que he visto toman la evolución de Daniel como ejemplo para alcanzar el éxito. Yo creo que en la película Daniel no “quiere alcanzar el éxito”. Es un adolescente sencillo, alegre, y poco más. Pienso que Daniel lo único que busca en la película es una vida normal y feliz, con su novia, su instituto… estar tranquilo y sin problemas. Como muchos de nosotros, vamos.


Pero esos chicos le persiguen y siguen estando ahí una y otra vez. Y en esta situación Daniel tiene miedo, incertidumbre ante lo que pueda pasar... Y la forma que inicialmente tiene de afrontar ese miedo es esquivarlo, evitarlo, huir. Si esos chicos le siguen, él les evita, incluso se disfraza… no es capaz de enfrentarse a ellos.


Por suerte el señor Miyagi le trae a Daniel, primero escucha y atención, a continuación amabilidad y compresión, y finalmente calma y reflexión. Y a través de todo ello una forma de enfrentarse a su miedo. El señor Miyagi entiende el problema que tiene Daniel y para ayudarle, le enseñará karate, le pide atención y concentración, disciplina para practicar una y otra vez hasta estar preparado. Hasta conseguir la calma interior para observar y hacerse consciente de sus emociones de miedo, ira y frustración. Con ese punto de partida podrá empezar a regularlas y modularlas… permitiendo de esta forma florecer lo mejor de sí mismo.


“El karate está aquí (la cabeza) y aquí (el corazón), pero no aquí (el estómago)”

Todo esto, ¡me suena tanto a mindfulness! O como siempre digo: “Mindfulness o sentido común…”


A la mitad de la película, encontramos una escena en la que merece la pena pararse. El señor Miyagi le dice a Daniel: “El karate está aquí (y se señala la cabeza) y aquí (y se señala el corazón), pero no aquí (y se señala el estómago)”. Antes de actuar impulsivamente, automáticamente, dejándonos llevar de nuestras emociones explosivas (el estómago) hay que parar, observar en profundidad lo que hay, reflexionar con calma y amabilidad (cabeza y corazón). Y tomar una línea de acción meditada: responder conscientemente en vez de reaccionar a ciegas.

De esta forma, en la escena se analizan y valoran las opciones de Daniel hasta que finalmente deciden dialogar con los perseguidores, dejando a un lado los impulsos de lucha o huída de Daniel.


Aquí está otro punto que quería resaltar de esta película para transmitiros. Como dice el señor Miyagi, “podemos perder contra un oponente, pero no podemos perder frente al miedo”. Es natural y frecuente que surja el miedo. No hay que avergonzarse de ello sino aproximarnos a él como algo natural, humano y en muchos casos hasta necesario.


“Podemos perder frente a un oponente, pero no frente al miedo"

¿Qué hacer con el miedo y la incertidumbre que nos encontramos en tantas ocasiones de nuestra vida?, y podemos mencionar especialmente esta dura temporada de pandemia que estamos pasando. ¿Podemos quizá dar un paso a un lado y observarlo? Observar al miedo. Analizarlo desde la amabilidad con nosotros mismos, sin juzgarnos. Entender, si es posible, de donde viene y por qué… y aceptarlo, porque ya está aquí. Es algo así como abrazarlo porque es algo natural, algo que forma parte de mí. Sólo desde ese abrazo aparecerán nuevas opciones.


Como dice el señor Miyagi: “Míralo siempre a los ojos”.


Y otra lección más que extraigo de esta película. Conocer al miedo e incluso poder afrontarlo no es algo que se consiga en una mañana. No es algo fácil o rápido. ¿Os acordáis de la escena del entrenamiento de kárate de Daniel: “dar cera, pulir cera”? El señor Miyagi pone a Daniel a lavar y encerar coches durante días y días; y a pulir el suelo, y a pintar la valla... Todo cuesta y requiere de práctica constante. Daniel practica la atención, la disciplina, el autoconocimientos y la autoregulación y con ello las actitudes y los movimientos de karate. Y esto le exige a Daniel un esfuerzo significativo, práctica y práctica con mucha constancia y confianza en el resultado final.


No hay atajos ni secretos. El secreto es que no hay secreto.

No hay atajos ni secretos. Como dice el padre de Po en la película Kung Fu Panda: “El ingrediente secreto de mi sopa de fideos… es que no hay ingrediente secreto. No hace falta, para hacer algo especial solo hay que creer que es especial”. Es decir, creer en uno mismo, y en la capacidad que todos tenemos. El secreto es que no hay secreto.


¡Y llegamos al final! Y llegamos volviendo a la pregunta inicial. ¿Por qué nos ha marcado esta película a los que ya tenemos unos años? Bueno, y a los jóvenes también. He preguntado a mis hijos, que son de otra generación y también les gusta mucho, a pesar de no tratar de superhéroes ni nada parecido.


Yo también quiero a un señor Miyagi.

Yo creo nos gusta porque nos vemos reflejados en Daniel. Todos hemos pasado y seguimos pasando por momentos de inseguridad, de miedo y preocupación donde nos hubiera gustado tener una guía, una brújula que nos señalara el camino a seguir. Daniel tuvo al señor Miyagi y al karate. El señor Miyagi le enseñó un camino y un método, le dio un poco de seguridad y confianza. ¡Yo también quiero un señor Miyagi!.


Quizá esta película nos guste porque encontramos algunos indicios qué necesitamos y cómo conseguirlo, intuimos un camino, un método y renovamos la esperanza de conseguirlo… mientras nuestra búsqueda continúa.


¡¡Seguimos hablando!!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud

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