• Angela Larrubia

Si compartes un problema, te queda medio problema.

El Mindfulness te da pistas sobre como puedes relacionarte con un problema y cómo lo gestionas. ¿Eres consciente de cómo te sientes? Compártelo y afróntalo con con actitud amable y positiva.



¿Qué os parece esta frase? ¿A que está bien, verdad? Detrás de esta perla de sabiduría se esconde la señora Patmore… ¿No sabéis quién es? Pues la cocinera de la mansión de la serie “Downton Abbey”. Una serie inglesa de hace pocos años, que trata sobre los diversos avatares de Lord Grantham y la familia Crowley en la Inglaterra de principios del siglo XX. Por sus capítulos desfilan los personajes típicos de esta época, lores y ladies, mayordomos, doncellas, y por supuesto la cocinera, una señora ya madura, trabajadora, un poco gruñona, pero entrañable. Y con frases afiladas de ingenio.


Primero: analiza el problema con objetividad, es difícil, pero inténtalo.

Fíjate de nuevo en la frase: “Si compartes un problema, te queda medio problema”. Creo que si pensamos en ella detenidamente por un momento se pueden extraer algunas ideas que nos pueden ser muy útiles. Y de aplicación en estos tiempos tan complicados.


La primera idea es acercarse de cara al problema, observarlo y analizarlo con objetividad y apertura, desprendiéndote de prejuicios y condicionamientos previos hacia él o las personas implicadas.


¿Tienes un problema? A ver, ¿Cuál es? Cuéntatelo despacio. Seguro que tiene su complejidad y necesitas darle más de una vuelta… o quizá al analizarlo de esta forma puedas descubrir que es más simple de lo que parecía. En cualquier caso, date un rato para pensar, a veces la vida que llevamos nos hace difícil encontrar esos momentos de calma que necesitamos.


Segundo: obérvalo y hazte consciente de cómo te relacionas con el problema.

Sólo el ejercicio de concedernos tiempo y espacio para intentar entender el problema, analizarlo, ver sus implicaciones, ponerlo “negro sobre blanco” ya ayuda. Una idea es escribirlo, darle forma concreta, ponerle “cara y ojos”. ¡Ni siquiera estamos resolviéndolo todavía!, sólo lo estamos entendiendo (o intentando entenderlo).


En segundo lugar, observa y hazte consciente de cómo te encuentras frente a este problema, cómo te relacionas con él y con lo que sucede alrededor. Puede ser un problema del trabajo o de la familia o amigos. Puedes sentirte nervioso sólo de pensar en él o quizá te parece un mundo y se hace muy cuesta arriba discernir con claridad.


Es natural poner en juego sentimientos, emociones, expectativas, deseos, miedos… en estas circunstancias. Esto es importante, nos hace humanos, pero también en ocasiones nos impide pensar y ver con claridad lo que realmente hay. Prueba a “hacerte a un lado”, tomar distancia para verlo “objetivamente” (si esto es realmente posible). Un truco: Mira desde los ojos de otra persona, quizá alguien a quien quieres y respetas y … ¿cómo ves tu problema desde esa nueva perspectiva? ¿Es realmente tan grave y urgente? Con esta nueva claridad quizá puedas reevaluarlo, ponerlo en contexto y aceptarlo tal y como es.


Tercero: cómpartelo, eso nos da más espacio y libera la carga.

En tercer lugar, pero no menos importante: como dice nuestra sabia frase: comparte el problema. Cuéntaselo a alguien. No te lo quedes para ti sólo. Seguro que puedes encontrar a un compañero de trabajo, un amigo, un familiar, alguien próximo que te puede escuchar.


Al contar nuestro problema a otra persona, lo estamos verbalizando. Le damos forma de nuevo, lo concretamos y delimitamos a la luz de la nueva perspectiva que estamos descubriendo. Ya no está solo en nuestra cabeza o en un papel si antes lo hemos escrito, ahora lo estamos presentando a otro. Le estamos poniendo cara y ojos, pero no sólo para mí, también para el mundo. Y eso es bueno.


Por otra parte, al compartir damos más espacio, soltamos carga. Creamos conexión con los demás y buscamos la participación de alguien más para no estar sólo ¿A qué te ayuda? Somos seres sociales y necesitamos esa conexión, especialmente en estos tiempos de aislamiento y soledad. Sólo mirar a los ojos de la persona que tenemos enfrente, sentir su presencia, su escucha atenta y amable, transforma el problema y hace aparecer un momento mágico de consciencia y humanidad compartida, cayendo en la cuenta de que todos tenemos problemas y todos podemos salir adelante juntos. Y esto de nuevo es bueno.


Cuarto: afróntalo con actitud amable. De nuevo es difícil....

Sentirnos escuchados nos conforta. Y cuanto más grande es el problema, mas confortados nos sentiremos... Y probablemente encontremos esa observación o ese consejo que nos anime y nos aporte un nuevo punto de vista certero.


En cuarto lugar, afronta todo este proceso con actitud amable y positiva. Sin culpas ni autocrítica. Con fuerza y convicción de que esta situación puedes superarla, todo esto pasará y continuarás adelante con el apoyo de los que tienes alrededor. Si adoptas una actitud derrotista, seguramente saldrás derrotado. Ergo, intentemos ser positivos para tener una posibilidad adicional de superar el problema.


Ten en cuenta que esta actitud positiva puede entrenarse y convertirse en un hábito realmente saludable y transformador, hablaremos de ello más adelante pero te dejo un pista: dirige el foco de tu atención deliberadamente hacia todo lo que es positivo, hacia lo que construye y no hacia lo que destruye, hacia lo que abre posibilidades y no hacia lo que las cierra. Recuerda que nuestro cerebro es “velcro para lo negativo y teflón para lo positivo”, podemos trabajar esa tendencia natural y mejorar nuestra vida.


Y no te olvides de ser empático cuando alguien quiera compartir su problema contigo.

Por último: sé empático, cuando alguien venga con un problema, escúchale y acuérdate de que tú estuviste (y estarás) en su misma situación.


¡¡Seguimos hablando!!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud

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