• Angela Larrubia

¡Silencio... se vive!

Mucho ruido y de muchos tipos en nuestra vida. ¿Los conoces? ¿Eres consciente? No sabes lo necesario que es el silencio...



Hola, muy buenas a todos,


Quiero dedicar esta entrada de mi blog al PODER DEL SILENCIO, ahí queda eso, ¡casi nada!


Mirando la definición de SILENCIO en la RAE, estrictamente sería: falta de ruido, abstención de hablar”. Sin embargo, pensando un poco sobre ello, yo lo veo como algo más amplio, más cercano a un estado, diría casi una experiencia, un sentir, a veces incluso una emoción.


Yo lo relaciono con lo que me pasa cada vez que salgo de la ciudad en fin de semana y llego al pueblo, en la sierra: me bajo del coche, cierro la puerta y respiro, ¡en ese momento todo cambia! No puedo decir que sea la falta de ruido, porque sonidos “haberlos haylos”😊. Es otra cosa que no puedo explicar mejor. Seguro que lo entiendes. En momentos como ese, si estoy atenta y dedico unos segundos a reconocerlo y vivirlo en vez de empezar a hacer cosas, a correr de un lado a otro… siento el silencio. Es una experiencia real que puedo notar en mi cuerpo y en mi mente, diría que incluso en mi alma, un sentimiento de paz, de “parada integral”, de estar presente. Seguro que, en alguna circunstancia, te pasa algo parecido. ¿Podrías identificar en qué ocasiones te sucede a ti?

¿Sabemos reconocer la necesidad del silencio?

A veces creo que, no solo no tenemos apenas silencio en nuestra vida, no lo practicamos, no lo valoramos… sino que ni siquiera sabemos realmente lo que es o qué significa para cada uno de nosotros. Quizá incluso se puede ver como un reducto de quietud que nos enfrenta a algo desconocido: nosotros mismos. Y eso a veces nos puede atemorizar.


En esta vida de carreras y distracciones que llevamos, parece que siempre necesitamos estar haciendo algo, estar viendo o escuchando algo, con estímulos constantes de todo tipo. Nos movemos en ambientes agitados y lugares ruidosos, siempre hablando, cavilando o planificando… ¡ya ni nos damos cuenta! Nos arrastra y casi podemos decir que lo necesitamos para mantener el ritmo… Y cuando el silencio asoma en un rato tranquilo, suenan las alarmas: “me aburro, no tengo nada que hacer”, e inmediatamente cojo el móvil y miro lo que sea.


Por tanto, nos solemos acercar al silencio en muy contadas ocasiones. Curiosamente, cuando lo hacemos, sí que nos damos cuenta que pueden ser experiencias significativas, yo diría que casi memorables y transformadoras: una puesta de sol, un paseo solitario por la playa, un momento de conexión real con otra persona sin necesidad de palabras… ¡es el milagro del silencio!

No somos capaces de vivir sin ruido, pero, curiosamente, todos tenemos muy buenas experiencias en momentos de quietud: una puesta de sol, un paseo por la playa...

Los estudios científicos demuestran que el resultado de esa ausencia de silencio en nuestra vida es un cerebro sobrecargado y sobre estimulado que necesita parar y recuperarse. El cortisol y la adrenalina (las hormonas del estrés) siempre están por encima de lo razonable y lo mismo sucede con la presión arterial y el ritmo cardíaco. La consecuencia es que dejamos de cuidar nuestro cuerpo y el sistema inmune se deprime, viéndonos expuestos a posibles problemas de salud física y psicológica.

¿Qué ruidos se presentan en nuestra vida que nos impiden que ese silencio tan necesario aparezca? ¿Qué podemos hacer al respecto? Vamos a verlo.


Podemos comenzar con el silencio externo, referido sencillamente a los ruidos que hay en nuestro entorno. En general, es difícil controlarlos ya que están ahí, en nuestra ciudad, los coches, las obras, la gente, la tele… Deberíamos comenzar a ser conscientes del estrés que produce su acumulación constante y, en lo posible buscar y crear entornos más saludables y silenciosos, en el trabajo, en casa, en nuestros lugares de ocio, acostumbrándonos a bajar la voz, el volumen de los aparatos o mejor aún, apagándolos y/o dejando conscientemente períodos de descanso. Podemos fomentar los paseos en plena naturaleza y las actividades en lugares con la menor contaminación acústica posible.

Para combatir el "silencio externo": simplemente pasea por el campo.

El silencio interno, referido alruido interno, los pensamientos incesantes, las preocupaciones, la proyección mental al futuro o al pasado, fabulaciones, expectativas… Es, en general, un ruido mental constante, a veces consciente y deliberado, pero la mayoría de las veces no lo es. Sencillamente viene y nos invade. No podemos hacer un silencio interno total, y, de hecho, esta actividad mental en parte es necesaria y forma parte de nuestra naturaleza, pero podemos y debemos desarrollar estrategias para modularlo. Siendo conscientes de ese ruido interno, ya es un primer paso.


En una ocasión mi maestra de yoga estuvo en un retiro de meditación y yoga (en silencio total) durante un mes. Cuando le pregunté a su vuelta por la experiencia me contestó: “Angela, yo no era consciente de la jaula de grillos que tengo en la cabeza, no sabes lo que cuesta liberarlos y eso que sólo he empezado”.

Si eres consciente de tu ruido mental interno ya has dado un primer paso hacia el "silencio interno".

El silencio de acción, es decir, sencillamente NO HACER, encontrar momentos para simplemente SER. Puede parecer raro, pero el hacer constante es otro tipo de ruido. Aún no hemos acabado de hacer una cosa y estamos pensando en la siguiente, o intentando hacer varias a la vez. ¿Puedes parar un momento?... ¡Seguro que sí! Cuando paramos, abrimos una ventana al silencio y las cosas se simplifican, nos da tiempo para vivir el presente. ¿Es realmente tan urgente esa llamada o ese email? Creo que merece la pena plantearnos el dar espacio para introducir algunos momentos de silencio de acción y experimentar sus efectos positivos.

"Silencio de acción": para de correr y respira un momento.

¡El silencio digital puede que sea el más difícil de todos! Creo que entiendes perfectamente a qué me refiero.A menudo me descubro en un gesto automático de coger el móvil y consultar cualquier cosa, si ha entrado un email, un whatsapp… lo llevo a todos lados, al moverme de la mesa de trabajo, si salgo de la habitación, ¡hasta para ir al baño! ¿No podemos estar sencillamente tranquilos sentados en la sala de espera del médico o en el metro? Y hablo del móvil, pero está la tele, la tablet, la Play… muchos dispositivos y muchas posibilidades de distracción.


Todo eso es un auténtico sumidero para la poca atención que nos queda y evadirnos de la realidad Planifica un rato diario libre de trastos digitales. Verás que no pasa nada… y que ayuda. Yo salgo a diario una hora a caminar y dejo el móvil en casa. ¡Y pensar que mis hijos no entienden ese heroico acto de voluntad de dejar el móvil en casa guardadito y tranquilo!

El "silencio digital" es el más complicado. El móvil, la tele, la tablet...

El silencio en la comunicación y en la relación con los demás, ésta sería la “abstención de hablar” que nos dice la RAE. Y yo iría más allá: la abstención no sólo de palabras, sino también de gestos, reacciones corporales e incluso emocionales, en general de todo aquello que puede interferir en un proceso de relación interpersonal en el sentido más amplio.


Al tocar este tema me vais a perdonar, pero no tengo más remedio que mencionar el viejo y a veces manido dicho de que “un silencio vale más que mil palabras”, ¡que nunca apreciamos ni practicamos lo suficiente! Es un silencio que abre espacios, que permite, que acompaña, que consuela, que respeta, que anima, que crea… Pero también puede ser un silencio que cierra, que duele, que oculta, que reprocha... ¿Somos conscientes del poder del silencio en nuestras relaciones? Seguramente no, porque no lo utilizamos, no tenemos ninguna práctica. ¡Te animo a trabajarlo y me cuentas!

"Silencio en la comunicación"... ¿Somos conscientes del poder del silencio en las relaciones con los demás?

Hemos hablado de distintos tipos de ruidos, pero en la realidad todos ellos están entremezclados, y en general, nos vemos sometidos a la mayoría de ellos en cada momento. Tendríamos que hablar, por tanto, de trabajar para conseguir acercarnos al SILENCIO con mayúsculas, ese que abarca todos los anteriormente mencionados. ¡Ardua tarea!


En esta línea se encuentra la práctica de mindfulness, que entrena el cerebro para ser consciente de lo que hay en cada momento. He de decir que a mí me sirve porque en ese camino comienzo a darme cuenta de la gran cantidad de ruido de todo tipo que me perturba constantemente y a la vez noto mi atención fortalecida para detenerme e identificar esos momentos en los que puedo hacer algo para conseguir un poco de ese SILENCIO con mayúsculas… ¡y entonces algo cambia!


Un abrazo y ¡seguimos hablando!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud


¡Únete al Blog y recibe nuestras noticias!

¡Gracias por unirte!