• Angela Larrubia

“No hay WIFI, hablen entre ustedes".

... O cómo el bombardeo de información de los dispositivos móviles provocan dispersión de atención y concentración y qué podemos hacer al respecto con la ayuda del Mindfulness.



¡Hola de nuevo a todos!

¿A que os resulta llamativa esa frase? “No tenemos WIFI, hablen entre ustedes”. Aunque se presta a ello, en este momento no voy a hablar de la adicción al móvil o alguna cosa parecida, sino más bien del bombardeo de información que nos llega desde los dispositivos digitales y móviles y la dispersión de atención y concentración que nos provoca con tanta frecuencia y de manera tan contínua (las notificaciones, el email, el whatsapp, el maps, etc.)… y esa frase me lo recuerda cada vez que la veo.

Me explico. Yo voy con mucha frecuencia a un pueblo de la sierra de Segovia y tengo la costumbre de tomar un café todas las mañanas en una pastelería-cafetería de la plaza del pueblo. Y en esa cafetería tienen colgado un azulejo con esta frase… ¡Cada vez que la veo me llama la atención y pienso la gran sabiduría hay detrás!.

Muchas veces, cuando me siento en una terraza (últimamente lo hago menos por lo del Covid éste) veo a muchas personas pendientes del móvil mientras se toman el café en lugar de hablar entre ellos. La forma de comunicarse con otros está cambiando muy rápidamente y se está abandonando la comunicación bidireccional, el hablar por el escribir (a través del móvil). Mis hijos, por ejemplo, incluso se envían con sus amigos mensajes de voz en lugar de hablar en directo. Y prefieren felicitar los cumpleaños por un mensaje de whatsapp en vez de una llamada telefónica. Es una paradoja: por los móviles ya no se habla, se escribe.

Vaya paradoja: por los móviles ya casi no se habla, sólo se escribe.

No pretendo entrar aquí a valorar o juzgar lo que ya es un hecho (aunque yo personalmente prefiero mantener las antiguas costumbres), pero sí veo un problema en cuanto a nuestros hábitos de atención. Cuando estamos haciendo alguna tarea, hablando con otra persona, asistiendo a una reunión, cocinando o incluso escribiendo a otro por el whatsapp, el móvil hace “¡TING!” y… ¡Allí va volando nuestra atención!... Aunque sólo se note en ese movimiento rápido por el rabillo del ojo.

Y ese “¡TING!” es continuo, nos llegan notificaciones de todo tipo y especie, distintos sonidos y melodías, con luz y sin luz, con vibración… Y claro, ante ese bombardeo de información, de mensajes y distracciones ¿Dónde está mi atención? ¿Soy capaz de centrarla de verdad en esa conversación o en alguna de las tareas que tengo por delante? ¿O me disperso con la sensación de no hacer nada en realidad?

¿Quién no ha dejado algo a medias por una distracción en el móvil? ¿Qué fue eso importante que alguien dijo en la reunión en ese preciso instante? ¿Llegué a echar sal o a enviar ese email? ¿Dónde dejé las gafas?... A mí me pasa muchas veces (por no hablar de cosas más graves, como despistes realmente serios como los accidentes de tráfico).

Un inciso importante… antes decía que no quería entrar aquí a valorar o juzgar lo que ya es un hecho. Creo que, aunque es verdad que podemos llegar a desconectar rápidamente al recibir mucha información a la vez, de forma continua y a través de muchos canales, tampoco podemos demonizar lo que ha venido para quedarse y forma ya parte de nuestra vida. ¿Sería mejor aprender a vivir con ello y sacar partido de lo bueno que puede aportar?

No trato de demonizar a los móviles pero si señalar que, con ellos, nuestra atención se dispersa y que tenemos que identificarlo y trabajar para evitarlo.

De hecho, también es verdad que tenemos (o estamos desarrollando) lo que ha venido a llamarse una atención “flotante”, sobre todo nuestros jóvenes “nativos digitales”, que podría llegar a convertirse en una ventaja. ¿Es posible poder hacer más de una cosa al mismo tiempo y ser realmente partícipe y consciente de lo que hacemos? ¿Puede ser ésta una de las competencias decisivas en este mundo tan cambiante que nos toca vivir?


Volviendo a dónde estábamos. He usado el ejemplo del móvil, que no deja de ser un síntoma más de cómo es nuestra vida. Vivimos en una época de estrés, de velocidad y de ruido (externo y mental). Estamos intoxicados (yo diría incluso sobre-intoxicados) con información, con tareas, con muchas cosas. Y todo con ello, nuestra mente no para, vaga con prisa y sin rumbo, saltando de unos pensamientos a otros. Y para poder seguir el ritmo, entramos en piloto automático.


Y la vida acaba pasando, sin darnos cuenta que es ESTE momento presente el importante… es el único que realmente tenemos… y lo dejamos ir. Y ese momento no vuelve más.


¿Cómo podemos trabajar con esto? Como decía en esta otra entrada de mi blog, necesitamos un “músculo de la atención” fortalecido y bien entrenado que sea capaz de darse cuenta cuándo nuestra mente se ha ido “por los cerros de Úbeda”, dejándonos fuera de la conversación, de la tarea, impidiéndonos disfrutar del paseo o que nos concentremos en la lectura de una interesante novela. Ahí entra el Mindfulness.

Tenemos que fortalecer el "músculo de la atención" lo mismo que fortalecemos otros músculos del cuerpo.

¿Quizá con el desarrollo de ese músculo podamos empezar a fortalecer también esa “atención flotante”? probablemente unos más que otros… pero en cualquier caso es necesario que nos conozcamos a nosotros mismos y sepamos hasta donde podemos llegar. Que empecemos a ser conscientes de esas situaciones de dispersión y podamos elegir qué merece nuestra atención en cada momento, averiguando si puede ser más de una cosa a la vez… Solo tú puedes saberlo. Bueno, y en mi caso, lo veo complicado de momento.


Y una pista más para continuar trabajando el “músculo de la atención”. Ya sabes que se puede practicar Mindfulness mientras te duchas, mientras cocinas o mientras escuchas en una reunión. El único requisito es mantener deliberadamente tus cinco sentidos en ese momento y esa tarea.


Para terminar te traigo una breve y agradable práctica de atención plena.

Para terminar, aquí os propongo una pequeña práctica.

Comenzábamos esta entrada de blog en la plaza del pueblo tomando café… así que si estás en una terraza con alguien tomando un cafelito...


1. Deja el móvil bien guardado y siléncialo (difícil, pero no imposible)

2. Observa cada detalle: la silla, la mesa, el toldo, el solecito agradable, el café caliente, el aroma, el azúcar, la taza, las mesas vecinas, otras personas, el camarero, ese perrito que pasa, los árboles de alrededor, la brisa suave…

3. Atiende a la persona con la que estás: cómo va vestida, cómo está sentada, de qué está hablando, cómo lo dice, qué actitud tiene, cómo se siente…

4. ¿Cómo te encuentras? ¿Qué pensamientos vienen a tu mente a medida que esta experiencia avanza y el café va descendiendo en tu taza? ¿Qué tipo de distracciones van asomando?

5. Mira a ver si puedes simplemente hacerte consciente de esas distracciones y traer de vuelta tu atención con amabilidad. Haz esto las veces que sea necesario, cada vez que notes que tu atención se pierde y ten en cuenta que es normal distraerse, es la naturaleza de nuestra mente.

6. Y por último: ¡Siente, atiende y disfruta!


¡¡Seguimos hablando!!


Angela Larrubia Ansón - Mindfulness Vida y Salud

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